Tras permanecer casi tres años prófugo, el exoficial de Ejército fue capturado en una zona rural de la Región de Los Lagos. Considerado el oficial de mayor rango presente en los camarines del Estadio Chile la noche del crimen, Haase integró el círculo de hierro de Manuel Contreras y forjó una carrera como próspero empresario antes de que la justicia dictara su sentencia definitiva.
El cierre de uno de los capítulos más extensos y simbólicos de la justicia chilena en materia de derechos humanos se concretó este sábado en el sur del país. En una operación coordinada, la Policía de Investigaciones (PDI) detuvo al coronel en retiro del Ejército, Nelson Edgardo Haase Mazzei (80), quien se encontraba oculto en una parcela del sector rural de la comuna de Puyehue, en la Región de Los Lagos
La ministra en visita de la Corte de Apelaciones de Santiago, Paola Plaza, ordenó su ingreso inmediato a prisión para cumplir una pena total de 25 años y un día de cárcel. El máximo tribunal lo condenó en agosto de 2023 a 15 años y un día como autor de los homicidios de Víctor Jara y del director de prisiones en el gobierno de la Unidad Popular, Littré Quiroga, sumando otros 10 años y un día por el secuestro calificado de ambas víctimas. Haase era el último de los siete oficiales condenados por este caso que permanecía fuera del alcance de la justicia.
El oficial del “silencio” en el Estadio Chile
En septiembre de 1973, Nelson Haase ostentaba el grado de teniente y pertenecía al Regimiento de Ingenieros Tejas Verdes de San Antonio, unidad comandada por Manuel “Mamo” Contreras. Según la investigación judicial, Haase encabezó un contingente de 60 hombres enviados a la capital tras el golpe de Estado para custodiar a los prisioneros en el entonces Estadio Chile.
Su rol en el recinto fue determinante. Testimonios de exconscriptos lo sitúan como el oficial de mayor rango en los camarines del subterráneo que funcionaban como salas de interrogatorio. De acuerdo con la confesión del exsoldado José Paredes, Haase estuvo presente la noche en que el subteniente Pedro Barrientos —deportado desde EE.UU. a fines de 2023— decidió jugar a la “ruleta rusa” con Víctor Jara.
“Lo que ocurrió fue presenciado por Nelson Haase, quien se encontraba sentado detrás del escritorio de interrogación”, consignan las piezas del proceso al describir el momento en que, tras el primer disparo mortal de Barrientos, se ordenó a los conscriptos descargar sus ráfagas sobre el cuerpo del artista, el cual terminó con 44 impactos de bala. Pese a las evidencias, Haase negó sistemáticamente haber pisado el recinto: “Yo nunca estuve en el Estadio Chile y no conozco a ese caballero”, sostuvo en una entrevista años antes de su condena.
El brazo financiero de la DINA y la vida civil
La carrera de Haase no se limitó a las unidades operativas. Debido a su cercanía con Contreras, integró la primera camada de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), donde formó parte de su Estado Mayor entre 1973 y 1975. Los informes de inteligencia lo identifican como uno de los encargados de la estructura financiera del organismo represivo.
Fue socio de la empresa “Pedro Diet Lobos”, una firma de fachada que la DINA utilizó para encubrir actividades ilícitas y administrar fondos millonarios tanto en Chile como en el extranjero. Exprisioneros citados en el Informe Rettig lo describieron como un hombre “arrogante, prepotente y despiadado”, que solía jactarse de portar una picota en su vehículo para utilizarla en allanamientos.
Tras su retiro, Haase logró mimetizarse en la vida civil como un exitoso hombre de negocios. En 1994 fundó Envases Exportables Haase S.A. (o Envases Haase), empresa dedicada a la fabricación de cajas de madera para vinos de exportación. Su posición le permitió circular por exclusivos círculos sociales, participando incluso en campeonatos de golf en el Club Los Leones junto a otros altos mandos en retiro como el general Guillermo Garín.
El epílogo judicial
La impunidad del coronel (r) comenzó a desmoronarse en 2009, cuando las declaraciones de exconscriptos lo vincularon directamente con el pelotón que acribilló a Jara. Tras el fallo definitivo de la Suprema en 2023, Haase optó por la clandestinidad mientras otros condenados, como Hernán Chacón Soto, decidían quitarse la vida antes de ser notificados.
Con su captura en una parcela de Puyehue, termina la carrera de un oficial que, desde la sombra de un escritorio de interrogación en 1973, ascendió hasta las esferas del poder financiero de la dictadura, para terminar sus días en una celda cumpliendo una de las penas más altas dictadas por el crimen de Víctor Jara.




