Tras una investigación iniciada a partir de los hallazgos en cárceles de São Paulo, la Fiscalía Sur y la PDI desplegaron allanamientos en ocho penales y viviendas de la capital para perseguir a 24 sospechosos. La indagatoria, persigue por primera vez en el país a delincuentes reclutados formalmente como “hermanos” de la facción brasileña, bajo la articulación de un recluso del penal Santiago Uno.
En una vasta ofensiva policial y penitenciaria coordinada desde la madrugada de este lunes, la Fiscalía Regional Metropolitana Sur y la Policía de Investigaciones (PDI) ejecutaron la denominada “Operación Sintonía 1533”, procedimiento destinado a desarticular la primera célula con miembros formalmente incorporados al Primeiro Comando da Capital (PCC) detectada en territorio nacional. El operativo revelado por Mega Investiga contempla la persecución penal contra 24 imputados, la entrada y registro a seis domicilios en la Región Metropolitana e intervenciones simultáneas en ocho recintos carcelarios distribuidos entre Arica y el Biobío. A los investigados se les imputan inicialmente los delitos de tráfico de drogas y asociación criminal para el narcotráfico.
La decodificación del operativo y el código “1533”
El nombre escogido para la operación alude de forma directa a la jerga y simbología interna desarrollada por la megabanda paulista. En el lenguaje del PCC, el término “sintonía” identifica a sus células operativas o instancias de coordinación encargadas del control de un penal, un territorio o una función específica, como el tráfico de estupefacientes, el manejo de recursos o la aplicación de la disciplina interna.
En tanto, la cifra “1533” responde al código numérico sustitutivo del alfabeto utilizado habitualmente por la organización. Dentro de este sistema, el número 15 representa a la letra P (por su lugar en el abecedario) y cada número 3 corresponde a la letra C. De esta forma, el número 1533 sintetiza las siglas del Primeiro Comando da Capital, sellando la identidad del grupo que las autoridades buscan neutralizar en el país.
La pista paulista y el proceso de “bautismo”
El origen de la causa se remonta al año 2022 en Brasil, cuando allanamientos realizados en diversos penales del estado de São Paulo permitieron a la policía local incautar dispositivos móviles y documentación a integrantes del PCC. El análisis forense de esos aparatos dejó al descubierto conversaciones con números telefónicos chilenos y fichas de personas que habrían sido incorporadas a la red en Chile. Dichos antecedentes fueron remitidos a las autoridades nacionales, permitiendo a la PDI y al fiscal regional metropolitano Sur, Héctor Barros, desarrollar seguimientos, interceptaciones telefónicas y cruces de información penitenciaria durante más de un año.
A diferencia de alianzas comerciales episódicas entre bandas locales y redes extranjeras, la investigación conducida por la Fiscalía Sur apunta a que los imputados fueron sometidos al proceso formal de “bautismo”. Dentro de la doctrina del PCC, un miembro “bautizado” pasa a la categoría de “hermano”, lo que exige la presentación de uno o más padrinos que respondan por la conducta del postulante, la aceptación de la “disciplina del Comando” y el ingreso formal a los registros internos de la facción, habilitándolo para acceder a la red de protección, financiamiento y apoyo logístico internacional del grupo.
El rol de “Negrinho” en Santiago Uno y la red de chilenos
Un engranaje central en la articulación de esta célula en Chile corresponde al ciudadano brasileño Lucas Leonardo de Oliveira Santos, conocido como “Negrinho”, quien se encuentra actualmente recluido en el penal Santiago Uno cumpliendo una condena de cinco años de presidio por homicidio. Para los fiscales e investigadores de la PDI, De Oliveira Santos constituye el enlace más directo entre los imputados chilenos y la cúpula brasileña, atribuyéndosele el rol de haber actuado como “bautizador” de los nuevos integrantes en territorio nacional y de haber continuado coordinando acciones operativas desde el interior del recinto carcelario.
Las pesquisas previas de los organismos de inteligencia policial ya habían identificado antecedentes de la “conexión chilena” del PCC, vinculando a sujetos con prontuario delictual como Juan Bayron Nataly Santander (“Pelado”) —quien fuera socio de De Oliveira Santos—, Eduardo Ignacio Videla Martínez (“Nacho”) y Álvaro Enrique Año Parada, varios de los cuales registraban reclusión en penales como Puente Alto y Santiago Sur.
El contexto del PCC y el diagnóstico del Ministerio Público
Surgido en octubre de 1992 tras la masacre del presidio de Carandiru en São Paulo, el Primer Comando da Capital evolucionó desde un movimiento de reivindicación penitenciaria hasta convertirse en la organización criminal más extensa y poderosa de Sudamérica, con más de 30 mil integrantes y un modelo de gobernanza estructurado en “franquicias” horizontales dirigidas desde prisión por Marcos Willians Herbas Camacho, alias “Marcola”.
En su más reciente Informe de Crimen Organizado, la Unidad Especializada en Crimen Organizado y Drogas (UCOD) de la Fiscalía Nacional advirtió la consolidación de vínculos entre organizaciones delictivas locales e internacionales, destacando la presencia de conexiones logísticas con el PCC para el tráfico de cocaína desde Bolivia y Paraguay hacia los puertos nacionales y mercados extranjeros. La formalización de los 24 imputados de la “Operación Sintonía 1533” fija así el primer antecedente procesal directo en los tribunales chilenos contra miembros formalmente constituidos de la mayor megabanda del continente.




