Hace dos años, María Ercira Contreras de entonces 86 años fue a celebrar el Día de la madre en un almuerzo familiar en el fundo Las Tórtolas, en Limache. Se sentó al lado de su nieta y pidió un cebiche con jugo de frambuesa, antes de terminar el plato le dieron ganas de ir al baño. Se levantó, caminó y nunca más volvió.
En este tiempo se le ha buscado con la Policía de Investigaciones, Fiscalía, carabineros y hasta videntes que han dado vuelta pistas. Para el abogado que representa a su familia, el penalista Juan Carlos Manríquez Rosales, hay algo que parece claro: “la señora María Ercira no salió con vida de ese lugar”.
La investigación y los cuestionamientos ésta, han ido casi a la par. Sus familiares y abogado creen que existen una serie de irregularidades y demoras. Entre ellas mencionan la pérdida de registros de cámaras de seguridad, pendrives con información incompleta y el retraso de más de un mes en el retiro de grabaciones que fueron eliminadas y regrabadas antes de ser periciadas.
En los primeros meses de la investigación predominó la hipótesis de que María Ercira se habría desorientado debido a su edad. Para la familia, esa interpretación condicionó las primeras diligencias y refleja un sesgo frecuente en casos que involucran a personas mayores: asumir deterioro, demencia o confusión como explicación inicial sin agotar otras líneas investigativas. Donde se culpa a la familia o a la misma persona mayor por extraviarse.
En un Chile donde la tasa de natalidad baja, la población se envejece y la esperanza de vida supera los 81 años. El caso también abre un debate sobre el trato institucional hacia las personas mayores desaparecidas. Mientras Chile suscribe la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, Manríquez sostiene que el caso evidencia cómo prejuicios asociados a la vejez pueden influir en la conducción de una investigación y disminuir la urgencia de las búsquedas. Sin ir más lejos, un policía le dijo a Carla Díaz, nieta de María Ercira que ha sido la voz más visible de parte de la familia, que no se preocupe, que “la tierra siempre devuelve a los muertos”, haciendo referencia a que se habría caído al canal que hay en el fundo y que, al cambiar el caudal de agua, aparecería. Han pasado dos inviernos desde entonces, vivimos un otoño lluvioso, y de María Ercira, ni rast
Obstrucciones y contradicciones
A dos años exactos de ese Día de la madre, no existen respuestas concluyentes sobre lo ocurrido. Las contradicciones en declaraciones, las filtraciones y las falencias denunciadas en el manejo de las pruebas, han alimentado las sospechas de un eventual encubrimiento de un accidente fatal o derechamente un delito. La familia y su representación legal sostienen que las primeras diligencias estuvieron marcadas por retrasos, pérdida de evidencia y decisiones que terminaron debilitando la búsqueda de respuestas.
¿En qué estado se encuentra hoy la investigación por la desaparición de María Ercira y cuáles han sido las principales obstrucciones?
Hay dos investigaciones en curso. La primera, iniciada con la denuncia de desaparición, estuvo marcada por diligencias iniciales muy pobres. Hubo al menos tres declaraciones de secreto y se han detectado contradicciones y omisiones graves. Se afectó de manera irreversible evidencia central: las cámaras de seguridad no se retiraron a tiempo, se confundió un registro de 24 horas que nunca se entregó y el pendrive utilizado era insuficiente. No fueron a retirarlo, uno, dos, o tres días después, sino que un mes y medio después. Las grabaciones originales fueron sobre grabadas hacia septiembre de 2024; cuando finalmente los recibimos en diciembre ya era imposible someterlos a una pericia forense.
¿Qué otros indicios de obstrucción han encontrado?
La investigación posterior levantó evidencia biológica que aún no tiene match genético, sangre hallada en la casa de uno de los principales blancos que fue mal manipulada y varias pericias privadas encargadas por la familia. Con vuelos y análisis de profundidad hemos cruzado las comunicaciones de cuatro personas que han mentido sistemáticamente. Hemos entregado sus conversaciones segundo a segundo a la fiscalía y sabemos que actúan de forma coordinada. Cada vez que la investigación se acercaba a un punto clave, se filtraba por los medios o por terceros y las diligencias se frustraban.
Durante mucho tiempo la fiscalía investigó al hijo y a las nietas de María Ercira. ¿Cree que eso desvió el foco?
Sí. Gran parte de la investigación se volcó a revisar las finanzas de la familia, cuando la verdad estaba en otro lado. Nos hemos reunido con la Fiscalía Nacional y la regional para que decreten nuevas diligencias y apunten a quienes realmente estaban en el predio. Incluso pedimos que quienes dicen querer colaborar consientan públicamente, ante el Tribunal de Garantía de Limache, en abrir toda la información pendiente. Falta voluntad para llegar a una conclusión, aunque sea intermedia.
Se ha hablado de un accidente dentro del fundo. ¿Qué piensa de esa hipótesis?
Si se trató de un atropello o un accidente dentro del campo, alguien debería decirlo. Sería menos grave que obstruir la investigación, desaparecer el cuerpo y manipular evidencia. Lo cierto es que las faltas y vacíos son demasiado frecuentes y las filtraciones han sido sistemáticas. Necesitamos seriedad y compromiso para que esto no quede en nada. Tras el hecho, quien estaba a cargo del fundo dejó el país al día siguiente con la excusa de un tobillo lesionado y no volvió. Además, intentó intimidar a la familia querellándose por las opiniones de la nieta sobre lo ocurrido. Estas actitudes evasivas, sumadas a las contradicciones y falsedades del personal, demuestran una falta de voluntad para aclarar la verdad.
El sesgo contra la tercera edad
La investigación por la desaparición de María Ercira también abrió una discusión sobre cómo las instituciones enfrentan los casos que involucran a personas mayores. Para la familia y su abogado, las primeras hipótesis estuvieron marcadas por prejuicios asociados a la edad, lo que habría condicionado el rumbo inicial de las diligencias.
Al inicio se planteó que María Ercira sufrió un accidente o se desorientó. ¿Cómo influyeron esas hipótesis?
Algunas teorías se han ido descartando, como el secuestro extorsivo. Se instaló que la señora se perdió por desorientación, incluso que alguien la vio subir un cerro. Ese sesgo, la idea de que “los viejitos se pierden”, afectó mucho la investigación inicial. Chile suscribió la Convención Interamericana sobre los Derechos de las Personas Mayores, que exige no partir las pesquisas con ese prejuicio, pero aquí se hizo. Hoy contamos con nuevas técnicas electrónicas y satelitales que permiten desmentir esas versiones.
¿Qué impacto tuvo ese sesgo en la búsqueda y en la actitud de las autoridades?
La familia está convencida de que el sesgo inicial atrasó todo. Han tenido reuniones con la Fiscalía Nacional y la regional, han notado algunos cambios y esperan que el impulso final impida cualquier ánimo de obstrucción. Si esto fue un accidente en el campo, alguien debería reconocerlo. De lo contrario, tendrán que responder por hacer desaparecer pruebas y engañar a tribunales y policías.
¿Es más probable que un caso que involucra a una persona mayor quede impune?
Creo que sí, aunque no debería. Tenemos un compromiso internacional y este caso ha demostrado que se puede mirar distinto y hacer diligencias que permitan esclarecer la verdad. Después del caso de María Ercira no se podrá decir a la ligera “se perdió otro viejito”
¿María Ercira padecía alguna enfermedad que pudiera explicar su desaparición?
Tenía las propias de la edad como la marcha, pero no estaba inhabilitada. No tenía demencia ni diagnóstico que justifique la hipótesis de desorientación.
¿Cómo ha afectado a la familia el trato de las autoridades durante la búsqueda?
La familia lo ha pasado pésimo. Han visto cómo supuestos videntes y colaboradores, quizá enviados por otros, intentaron aprovecharse de su dolor. Además, sienten que las policías no los tomaron en serio hasta ahora. Un funcionario incluso le dijo a Carla Díaz, la nieta, que no se preocupara tanto porque “la tierra siempre devuelve a los muertos”. Si ellas no hubieran hecho todo lo que han hecho, esto habría sido lo de siempre: “el viejito se perdió”.
¿Se repiten patrones de indiferencia cuando desaparecen personas mayores?
Lamentablemente sí. Cuando un adulto mayor se pierde, se asume que está demente o incapacitado y que no aparecerá. Esa mirada fue la base de esta investigación. Hoy las nuevas técnicas investigativas y el marco normativo nos obligan a desterrar esa idea. Si permitimos que se naturalice, seguiremos invisibilizando a las personas mayores.
¿Cómo penalista, ha trabajado en otros casos comparables?
He llevado casos complejos, como el triple homicidio de Villa Alemana, pero este ha sido especial: ha implicado el uso de nuevas técnicas investigativas y criminalísticas que han permitido detectar contradicciones y mentiras que antes pasaban inadvertidas. También, insisto: se partió de un sesgo que asumía que las personas mayores se pierden porque están dementes o incapacitadas; este caso ha demostrado que esa mirada es inaceptable.
Poder, redes y miedo
La familia y la parte querellante sostienen que las inconsistencias detectadas en la investigación no solo responden a errores, sino también a posibles dinámicas de protección y silencio. En ese escenario, apuntan a vínculos de poder, relaciones locales y temores que habrían dificultado esclarecer lo ocurrido.
¿Cuáles son las principales contradicciones que ha detectado en los testimonios?
Hay personas que decían tener un solo teléfono y tenían dos o tres; otras que aseguraron no estar en el lugar y sí estuvieron: los trazan las antenas y hay grabaciones que recuperamos. Algunos afirmaron entregar información que jamás entregaron. Todo eso demuestra faltas a la verdad y revela que saben mucho más de lo que han dicho.
Su tesis es que María Ercira habría sufrido un accidente ese mismo día en el fundo. Pero para que hasta que el día de hoy no se sepa, hace pensar que hay gente con mucho poder involucrado, y eso no está a la vista
En ciudades pequeñas los vínculos son estrechos y las lealtades se entienden mal. En una sociedad rural las jerarquías no han cambiado mucho. Varias personas, por miedo a perder el empleo o por una solidaridad mal entendida, entran en dinámicas de silencio y no cooperan.
¿Pero por una o más personas que pudieran relacionarse con esto?
Hay vínculos familiares e institucionales visibles en toda esta cadena de errores. Es gente que conoce el sistema y tiene redes nos dicen vecinos.
¿Creen los querellantes que si alguien trasladó a María Ercira lo hizo protegido por esas redes?
Es posible. Todo indica que la señora ya no está con vida: una mujer sola, de más de 80 años, sin teléfono, dinero ni tarjetas, que no se ha comunicado en dos años difícilmente está viva. Si hubiera sido un accidente en el canal, el cuerpo se habría aparecido incluso desarticulado; por eso seguimos buscando con nuevos equipos y pedimos la intervención del grupo Los Topos. Es probable que, tras un accidente, alguien no la ayudara, muriera y después desapareciera su cuerpo, aún por miedo o para no comprometer a otros. Falta harto por investigar y seguirán apareciendo estos vacíos y contradicciones si no hay voluntad real de cooperar ni decir la verdad.
¿Cómo cree que este caso puede cambiar la percepción social sobre las personas mayores y la justicia?
Espero que nunca más se escuche eso de “se perdió otro viejito, así será”. Después de este caso, será imprescindible que las autoridades apliquen un enfoque de derechos y nuevas técnicas en las investigaciones que involucren a personas mayores. La vida de las personas de la tercera edad no puede seguir siendo mirada con menoscabo.
¿A quién cree usted le sigue importando saber qué pasó con María Ercira?
Primero su familia; segundo, todos los que estamos genuinamente involucrados en una causa de bien mayor. También le importa a quienes creen que el sistema de justicia puede desprenderse de estas acciones destinadas a evadirlo. En definitiva, “total, es una viejita”, es una frase que no podemos tolerar. Si permitimos que se naturalice que las personas adultas mayores desaparezcan sin explicación, el precedente será devastador.
¿Usted cree que podría pasar lo mismo que con el Caso de Jorge Matute Johns en que años después se encontró el cuerpo pero no hubo condenados?
Podría pasar lo mismo.




