Los testimonios de funcionarios y asesores clave recopilados por la Fiscalía Centro Norte revelan un profundo quiebre en la trastienda de la Subsecretaría del Interior. Mientras colaboradores del círculo de confianza defienden al exsubsecretario alegando “incredulidad” y aludiendo a “relaciones sexo afectivas”, otras trabajadoras describen mensajes nocturnos, tratos “pasivo agresivos” y la evidente incomodidad de la víctima semanas antes de que se judicializara la denuncia por abuso sexual y violación.
A casi cinco meses de que ingresara la denuncia penal que sacudió los cimientos del Palacio de La Moneda, las declaraciones prestadas en marzo de 2025 ante la Fiscalía Metropolitana Centro Norte exponen un expediente polarizado por visiones contrapuestas. Las carpetas investigativas que acopian los testimonios del personal de la Subsecretaría del Interior dan cuenta de una marcada división entre la estricta defensa corporativa al exsubsecretario Manuel Monsalve Benavides y los relatos que retratan un “entorno laboral bastante machista”, marcado por “bromas” e intervenciones “pasivo agresivas”.
El contraste de las versiones resulta clave para contextualizar la dinámica interna que se vivía en la repartición pública antes del 14 de octubre de 2024, fecha en que la exfuncionaria presentó la acción penal tras los episodios registrados en el restaurante Ají Seco Místico y en el hotel Panamericano.
Las alertas previas: Mensajes a deshora y un derrame en el ojo
Entre los testimonios que aportan antecedentes, según publicó Radio Biobío sobre el estado emocional de la víctima destaca la declaración de V., funcionaria que se presentó de manera voluntaria ante la Brigada de Delitos Sexuales de la PDI el 26 de marzo de 2025. La testigo relató que mantenía una relación estrecha de amistad con la denunciante, compartiendo almuerzos y salidas tras la jornada laboral. Fue en uno de esos encuentros, desarrollado entre agosto y septiembre de 2024 en un café del paseo Bulnes, donde advirtió la primera señal anómala.
Según declaró V. ante la policía, cerca de las 22:00 horas la víctima recibió una notificación en su teléfono celular. Al ser consultada sobre quién le escribía a esa hora, la mujer respondió que se trataba del “subse”, mostrando una expresión de extrañeza y aclarando que no se trataba de una citación de trabajo, sino de un mero saludo. Semanas más tarde, otra funcionaria de la repartición, identificada como A., le comentó que notaba a la víctima “rara e incómoda” cada vez que debía acudir a la oficina de Monsalve, llegando a presumir que el exsubsecretario intentó un acercamiento sentimental que fue rechazado por la profesional.
El cuadro de tensión laboral tuvo su correlato físico en las dependencias de la subsecretaría. A. declaró que se topó con la afectada en el baño institucional y notó que presentaba un visible derrame en el ojo, lesión que la joven atribuyó a un cuadro de estrés por alta carga de trabajo antes de ausentarse por licencia médica.
La fe ciega del entorno cercano
En la vereda opuesta, el expediente acumula declaraciones de colaboradores que manifestaron una abierta “incredulidad” frente a la acusación criminal. La propia A. reconoció en su testimonio que sentía una profunda admiración profesional y política hacia Monsalve. “Yo acepté inmediatamente ya que yo soy del Partido Socialista, no militante, pero sí tengo una admiración hacia él. Además el tiempo que trabajé con él, pude observar que es una persona muy preocupada y muy humana, una persona increíble. Yo lo quiero mucho”, aseveró la funcionaria en el estrado.
Un matiz similar aportó el asesor y exseremi de Gobierno, Enrique Inostroza, quien mantenía una relación de cercanía política con el exsubsecretario desde hacía 25 años. Inostroza afirmó que la denuncia fue una “absoluta sorpresa” para el equipo, recalcando que el trato de Monsalve con sus subalternos siempre fue “bastante formal” y desprovisto de conductas inadecuadas.
Al evaluar el impacto de la denuncia dentro del palacio gubernamental, el asesor fue enfático en desestimar el fondo de la imputación penal: “A mí me parece muy extraño el tema de la denuncia. A mí me parece que se está dando a la luz un ambiente diferente al que había. A mí me parece que no existe, en el concepto más popular, no existe el delito”. En su testimonio, Inostroza reflexionó de manera general sobre las dinámicas sociales actuales, argumentando que en los entornos de trabajo modernos “existen estas relaciones sexo afectivas en corto plazo”, planteando que entre los funcionarios prevalecía la idea de que no se había configurado un ilícito.
Por su parte, el exjefe de gabinete de la subsecretaría, Gabriel de la Fuente, confirmó que el trato hacia la denunciante nunca le pareció anómalo, aunque reconoció un cambio operativo relevante a partir de septiembre de 2024. Tras retornar de sus vacaciones, Monsalve instruyó personalmente que la profesional asumiera labores permanentes de seguimiento, exigiendo que si correspondía viajar fuera de Santiago, ella debía acompañarlo de manera obligatoria.
Un entorno “sarcástico e irónico” y la ruta al juicio oral
El contrapeso a la imagen de autoridad cercana lo entregó C., funcionaria contratada en marzo de 2022 que describió la cultura organizacional bajo el mando del médico socialista. La abogada y colaboradora señaló que al reportar conductas machistas cometidas por otros jefes de unidad, la exautoridad optaba por bajarles el perfil e insinuar que la responsabilidad de los conflictos recaía en las propias funcionarias. “Según mi opinión, ese tipo de comentarios para mí no eran tan poco comunes, porque el entorno laboral era bastante machista”, afirmó ante los fiscales.
Junto con rechazar las “bromas machistas” que se escuchaban en las reuniones de trabajo, C. caracterizó el liderazgo de la exautoridad de Gobierno alejado de la agresividad física explícita, pero marcado por un patrón de conducta psicológico particular. “Manuel Monsalve puedo señalar que él no ejercía violencia de una forma estereotipada, es decir, agresivo o evidentemente agresivo. Su comportamiento en algunas oportunidades era más bien pasivo agresivo. Además, era sarcástico e irónico”, consignó en su declaración.
Toda esta trama testimonial se ensambla en la acusación formal presentada por la Fiscalía Regional Centro Norte, liderada por el fiscal Francisco Jacir. El ente persecutor solicitó una pena total de 14 años de presidio efectivo contra el exsubsecretario como autor consumado de los delitos de violación y abuso sexual. Para sostener la pretensión punitiva en el estrado, el Ministerio Público ofreció la comparecencia de 89 testigos y 21 peritos, citando a declarar a figuras de la alta magistratura política como el expresidente Gabriel Boric, la exministra Carolina Tohá, Luis Cordero y Ana Lya Uriarte, en una audiencia de preparación de juicio oral fijada para el próximo 5 de octubre.




