La reconocida actriz recurrió al 7° Juzgado Civil de Santiago tras ser víctima de una estafa que le costó cerca de $400 millones, equivalentes a sus ahorros de 40 años. El libelo apunta a que la entidad bancaria omitió señales de alerta “manifiestamente anómalas” y le aprobó un crédito de consumo mientras estaba siendo manipulada por una banda criminal que se hizo pasar por la PDI.
A poco más de diez meses de haber sufrido una millonaria estafa que conmocionó al mundo de la cultura, la actriz Amparo Noguera inició una ofensiva legal en el ámbito civil contra el Banco de Chile. La acción judicial, tramitada ante el Séptimo Juzgado Civil de Santiago, busca no solo recuperar los fondos sustraídos, sino también establecer la responsabilidad de la institución financiera por lo que su defensa califica como una “indolencia” frente a patrones de conducta sospechosos.
La demanda, representada por el estudio BACS Abogados, solicita una indemnización total de $528 millones. El texto legal fundamenta la petición en la nulidad absoluta de los actos realizados y la rescisión por “vicios del consentimiento”, argumentando que la voluntad de la actriz estaba anulada por el engaño y la coacción.
El relato de la estafa: Ocho días de “secuestro” emocional
La estafa no fue un hecho fortuito, sino una operación de inteligencia delictiva que se extendió por una semana completa. Según el escrito de 65 páginas presentado por los abogados Alejandro Awad, Esteban Barra y Miguel Schürmann, la actriz fue víctima de una banda —compuesta por al menos 13 integrantes— que utilizó técnicas de “engaño, estafa, coerción, manipulación y aislamiento”.
El fraude comenzó con supuestas llamadas de la Policía de Investigaciones (PDI) y falsos ejecutivos bancarios. Durante ocho días, los delincuentes convencieron a Noguera de que sus activos corrían peligro, llevándola a un estado de colapso emocional donde “depositó su confianza absoluta en quienes creía que la estaban protegiendo”.
Bajo esta presión, la actriz realizó movimientos financieros inéditos en su historial: solicitó un crédito de $40 millones y realizó tres giros de “emergencia” por montos de $93 millones, $106 millones y $150 millones. Estas operaciones, que involucraron fondos mutuos y ahorros de toda su vida, fueron ejecutadas de forma presencial y en efectivo en diversas sucursales del banco.
Los reproches al banco: “Vieron las alarmas y no hicieron nada”
El núcleo de la demanda civil radica en la presunta negligencia de la entidad para detectar un “patrón operacional manifiestamente anómalo”. La defensa sostiene que el Banco de Chile incumplió la regulación vigente al no actuar ante una clienta que, de un día para otro, procedió a vaciar prácticamente la totalidad de su patrimonio.
“El Banco vio señales de alarma y no hizo nada. El propio jefe de seguridad del Banco declaró que Amparo Noguera podría estar ‘marcada’ y que era ‘sospechoso’. Es decir, lo sabían. Y aún sabiéndolo, siguieron entregando dinero a una mujer con su voluntad secuestrada”, fustigó el abogado Alejandro Awad.
Además, el jurista cuestionó que la institución no solo no protegió a su clienta, sino que obtuvo beneficios del fraude: “Mientras la banda criminal vaciaba sus cuentas, el Banco de Chile le aprobó un crédito de consumo el mismo día. Ese mismo banco hoy le cobra intereses sobre una deuda en directo beneficio de sus estafadores”.
El contraataque de la institución y el contexto penal
Esta demanda de Noguera surge como respuesta a una acción previa del propio Banco de Chile, que demandó a la actriz ante el Juzgado de Policía Local de Providencia acusándola de haber actuado con “dolo o culpa grave”. La entidad sostiene que cumplió con todos sus deberes legales y que fue la usuaria quien incumplió sus deberes de cuidado.
En paralelo a la arista civil, la Fiscalía Metropolitana Oriente mantiene abierta una investigación penal que ya suma 11 personas detenidas, sindicadas como parte de una banda dedicada a estafas de alta cuantía. Para Amparo Noguera, el proceso civil busca reparar el daño de perder “los ahorros de casi cuarenta años de trabajo intenso, metódico y profundamente disfrutado”, en un caso que pone a prueba los estándares de seguridad que la banca debe garantizar a sus clientes más vulnerables frente al cibercrimen y la ingeniería social.




