Por: Equipo En Estrado
- La noche de Nueva Jersey y la mañana de Benslimane
Esta crónica se escribe el día exacto en que se cierra un ciclo: hoy, 19 de julio de 2026, se juega en Nueva Jersey la final del Mundial de Estados Unidos, México y Canadá, el primero de cuarenta y ocho selecciones y ciento cuatro partidos. En la víspera, Gianni Infantino comunicó a las federaciones que la recaudación del torneo alcanzó unos quince mil millones de dólares, alrededor de un tercio por encima de la meta que la propia FIFA se había fijado, empujada sobre todo por la hospitalidad de lujo y por la venta de entradas, incluido un mercado secundario de precios extraordinarios. El anuncio llegó acompañado de otro dato, menos deportivo todavía: más de doscientas promesas de apoyo para su reelección. El dinero, en la FIFA de 2026, no es el contexto del fútbol; es su lenguaje.
Mientras tanto, a treinta y ocho kilómetros de Casablanca, en el municipio de El Mansouria, junto a Benslimane, miles de obreros trabajan en tres turnos, veinticuatro horas al día, levantando el que será el estadio más grande del mundo: el Gran Estadio Hassan II, ciento quince mil butacas bajo una carpa de aluminio inspirada en el moussem, la fiesta tradicional marroquí. Y mientras tanto, también, en Montevideo, el Estadio Centenario espera lo suyo: exactamente un partido, el 8 o el 9 de junio de 2030.
Entre esas tres escenas —la caja registradora de Nueva Jersey, la grúa de Benslimane y la promesa de Montevideo— se juega el asunto de esta crónica. El Mundial 2030 no es solo un torneo, sino que es también un acta del reparto de recursos económicos y políticos. El mundial reparte territorios, contratos, prestigio y, sobre todo, una jerarquía. La hipótesis que se desarrollará primero y se criticará después es la siguiente: la integración de Sudamérica al Mundial del centenario, reducida a tres partidos inaugurales, existe precisamente porque a Sudamérica no se le entregará nunca más un Mundial completo. Y las razones son obvias: por motivos económicos los países de América del Sur solo pueden proveer recursos simbólicos, el símbolo del fútbol en la calle, los jugadores que regatean, los artistas. El fútbol mundial importa sudamericanos y los países del subcontinente pueden sostener la pugna histórcia versus Europa. Los m,uchachos de origen pobre, desnutridos, se convierten en figuras mundiales. Pero hasta ahí llegarán los beneficios. El mundial de 2030 es, de hecho y sin subrepticios, un homenaje al centenario de los mundiales, al origen de la fiesta y la epopeya, de 1930 y el primer torneo que se ha dado en llamar “Mundial de Fútbol”, el hito uruguayo en organización y triunfo. Como buen homenaje, fácilmente se puede convertir en tu jubilación.
- La ingeniería del consenso: cómo se adjudicó todo sin votar nada
La historia oficial comienza con un sueño y termina con una aclamación. En febrero de 2023, en Asunción, los gobiernos de Argentina, Uruguay, Chile y Paraguay formalizaron la candidatura conjunta para 2030, la llamada Juntos 2030. El acto tuvo un detalle que hoy se lee como una confesión: el entonces vicepresidente paraguayo, Hugo Velázquez, admitió que los cuatro países no tenían recursos para competir con las grandes potencias y que planificaban un Mundial «de manera austera», apoyado en la historia —la primera Copa fue en Uruguay en 1930— y en el argumento de que Sudamérica es el continente que más jugadores exporta al mundo. Hasta el financiamiento de la infraestructura se anunció como préstamo: el banco de desarrollo CAF se ofreció a costear las obras. Una candidatura que se presenta pidiendo crédito y prometiendo austeridad ya describe, sin quererlo, el lugar que ocupa en el mercado. La renuncia venía escrita en letras de liquidación.
El desenlace no llegó por votación sino por diseño. El 4 de octubre de 2023, el Consejo de la FIFA, tras consultas con las confederaciones, acreditó por consenso una única candidatura para 2030: la tripartita de España, Portugal y Marruecos, a la que se le adosaron tres partidos de celebración del centenario en Uruguay, Argentina y Paraguay —uno en cada país—. Chile, cuarto socio de Juntos 2030, quedó fuera de todo; su federación se enteró del reparto sin premio de consuelo alguno, y debió conformarse, dos años más tarde, con organizar el Mundial sub-20 de 2025 en Santiago, donde —ironía perfecta— el campeón fue Marruecos. En el mismo movimiento de octubre de 2023, la FIFA abrió la postulación para 2034 restringida a Asia y Oceanía, con un plazo de semanas: Arabia Saudí se presentó de inmediato y quedó sola. La jugada era de manual: al hacer que 2030 tocara tres confederaciones (UEFA, CAF y CONMEBOL), el principio de rotación dejaba a casi todo el planeta inhabilitado para 2034.
Esa misma regla contiene la letra chica del homenaje sudamericano. Como confederación anfitriona de 2030, la CONMEBOL queda inhabilitada —bajo el mismo criterio que se aplicó para 2034— también para 2038. La ventana formal para que Sudamérica vuelva a postular a un Mundial pleno se abre recién en 2042. Tres partidos comprados al precio de dos ciclos de elegibilidad: pocas cláusulas resumen mejor el negocio.
El diablo estaba en los contratos. Bueno, no el diablo, el dinero.
La ratificación fue un trámite escenográfico. El 11 de diciembre de 2024, un Congreso Extraordinario virtual de las 211 federaciones aprobó por aclamación, en un solo acto y sin candidaturas rivales, las sedes de 2030 y 2034. Noruega emitió un comunicado expresando preocupación por el proceso de presentación de candidaturas, y se consignó que diez federaciones ni siquiera estaban presentes en el momento del anuncio. Infantino enmarcó todo como un mensaje de unidad del fútbol en un mundo dividido. Alejandro Domínguez, presidente de la CONMEBOL, celebró en redes: «Creímos en grande. El Mundial Centenario 2030 comienza donde todo se inició». La frase es exacta: comienza. No dice cuánto dura ese comienzo.
Quedaba una ambigüedad, y su resolución fue reveladora. Tras el anuncio de octubre de 2023, la FIFA señaló primero que solo España, Portugal y Marruecos tendrían plaza asegurada; al día siguiente, un portavoz precisó a una agencia de noticias que Argentina, Uruguay y Paraguay también estarían clasificados de oficio. Seis clasificados automáticos sobre cuarenta y ocho, una proporción inédita, con los cupos descontados de las plazas de sus propias confederaciones. El resultado es la eliminatoria más extraña de la historia sudamericana, prevista desde 2027: siete selecciones disputando tres cupos directos y un repechaje, mientras los tres clasificados juegan igual, según explicó el presidente de la federación paraguaya, Robert Harrison, para definir posiciones con vistas a un eventual torneo futuro contra selecciones europeas. Es decir: la región competirá, en parte, para producir contenido, no para clasificar.
La política, los contratos televisivos y las camisetas son el corazón de todo proyecto futbolístico.
III. El mapa: veintitrés estadios, tres renuncias y un coloso
El dispositivo territorial anunciado comprende veintitrés estadios en seis países, con un calendario preliminar que ya dice casi todo: los tres partidos del centenario en Sudamérica el 8 y 9 de junio de 2030; la ceremonia y los partidos inaugurales oficiales en las sedes principales el 13 y 14 de junio; la final, el 21 de julio de 2030. Entre el rito sudamericano y el torneo propiamente tal media un océano y también un cambio de estatuto: allá la memoria, acá el campeonato.
España, que concentra el mayor peso organizativo, es también el frente más inestable. En julio de 2024 la RFEF anunció once sedes: Santiago Bernabéu y Metropolitano (Madrid), Camp Nou y RCDE Stadium (Barcelona y Cornellà), La Cartuja (Sevilla), San Mamés (Bilbao), Anoeta (San Sebastián), la nueva Romareda (Zaragoza), Riazor (A Coruña), Gran Canaria (Las Palmas) y La Rosaleda (Málaga). Quedaron fuera Valencia —tercera ciudad del país, con el Nou Mestalla paralizado trece años y un propietario, Peter Lim, negociando recalificaciones urbanísticas— y Vigo. Desde entonces, el tablero se ha desordenado. Una filtración periodística sostuvo que los responsables de la selección habrían modificado puntuaciones de varios estadios hasta dejar fuera a Vigo en favor de San Sebastián; María Tato, responsable de la organización del Mundial en España, dimitió; el alcalde vigués Abel Caballero exige explicaciones y el presidente de la RFEF, Rafael Louzán, le responde acusándolo de populismo.
En julio de 2025, Málaga renunció: con el club bajo administración judicial y un estadio provisional que pasó de veintiséis mil localidades prometidas a doce mil quinientas, el alcalde admitió que seguir «supone un riesgo para el club». A Coruña renunció después, dudando de la utilidad de un recinto sobredimensionado para su masa social. Hoy quedan nueve sedes firmes; Valencia (Nou Mestalla, unas setenta mil localidades, obras hasta septiembre de 2027) y Vigo empujan por entrar; la FIFA ha estado inspeccionando estadios y la lista definitiva se espera para fines de 2026. El Gobierno español creó una Comisión Interministerial para el Mundial: la señal de que el asunto dejó de ser federativo y pasó a ser de Estado. Y dado ese aspecto, el uso que pueda hacer un Pedro Sánchez en crisis tiene relevancia. Ya se habla de la caída de la sede en el País Vasco. Pero, ¿por qué y quién lo tomará?
Portugal aporta estabilidad y tres estadios hechos: Da Luz y José Alvalade en Lisboa, Do Dragão en Oporto. Marruecos, en cambio, aporta la épica. Seis ciudades —Casablanca, Rabat, Tánger, Marrakech, Agadir y Fez—, renovaciones en cadena, la Copa Africana de fines de 2025 como ensayo general y, sobre todo, el Gran Estadio Hassan II: diseño de Populous con Oualalou + Choi, obras iniciadas en agosto de 2024, un avance cercano al treinta por ciento a mediados de 2026, un presupuesto de unos quinientos millones de euros para el estadio —con estimaciones que superan los mil millones de dólares para el proyecto completo— y hasta una estación de tren propia. El programa nacional de infraestructuras asociado al Mundial podría alcanzar, según cálculos difundidos, veinte mil millones de dólares, en torno al doce por ciento del producto marroquí, con cerca del setenta por ciento financiado por la banca local según Fitch, más quinientos cuarenta y siete millones de dólares solo en accesos viales al estadio y una expansión de autopistas de setecientos sesenta y tres kilómetros. Un reino que hipoteca una décima parte de su economía para comprar centralidad futbolística: eso es exactamente lo que la candidatura sudamericana confesó que no podía hacer.
Sudamérica, por su parte, aparece en el mapa con tres puntos: el Centenario de Montevideo, sede del partido conmemorativo principal en reconocimiento al anfitrión y campeón de 1930; el Monumental de Buenos Aires, en honor al subcampeón de aquella edición; y Asunción, en reconocimiento a la sede histórica de la CONMEBOL, con un recinto cuya designación definitiva —anunciada inicialmente en torno a un nuevo estadio— sigue por consolidarse. Tres partidos sobre ciento cuatro: el 2,9 por ciento del torneo. Pero el mundial llevará su nombre, por supuesto, en un texto tipo reparto de actores al final de la película, pero el nombre estará.
Tabla 1. Sedes propuestas del Mundial 2030 y su situación a julio de 2026. Elaboración propia sobre las fuentes consignadas al final.
| País | Ciudad y estadio | Aforo aprox. | Situación |
| España | Madrid – Santiago Bernabéu | 84.000 | Confirmada; aspiró a la final |
| España | Madrid – Metropolitano | 70.000 | Confirmada |
| España | Barcelona – Camp Nou | 105.000 | Confirmada; en obras; alternativa para la final |
| España | Cornellà – RCDE Stadium | 40.000 | Confirmada |
| España | Sevilla – La Cartuja | 70.000 | Confirmada |
| España | Bilbao – San Mamés | 53.000 | Confirmada |
| España | San Sebastián – Anoeta | 40.000 | Confirmada; cuestionada por el caso Vigo |
| España | Zaragoza – Nueva Romareda | 43.000 | Confirmada; en construcción |
| España | Las Palmas – Gran Canaria | 33.000 | Confirmada; ampliación prevista |
| España | Málaga – La Rosaleda | — | Renuncia (julio de 2025) |
| España | A Coruña – Riazor | — | Renuncia |
| España | Valencia – Nou Mestalla | 70.000 | Candidata a ingresar; obras hasta 2027 |
| España | Vigo – Balaídos | 42.000 exigidos | Candidata; puntuaciones bajo sospecha |
| Portugal | Lisboa – Da Luz | 65.000 | Confirmada |
| Portugal | Lisboa – José Alvalade | 50.000 | Confirmada |
| Portugal | Oporto – Do Dragão | 50.000 | Confirmada |
| Marruecos | Benslimane – Gran Estadio Hassan II | 115.000 | En construcción (≈30% a mayo de 2026); aspira a la final |
| Marruecos | Rabat, Tánger, Marrakech, Agadir y Fez | 45.000–75.000 | Renovaciones en curso |
| Uruguay | Montevideo – Centenario | 60.000 | Partido del centenario (8–9 de junio de 2030) |
| Argentina | Buenos Aires – Monumental | 84.000 | Partido del centenario |
| Paraguay | Asunción – recinto por consolidar | — | Partido del centenario |
- La final como subasta
Ningún episodio revela mejor la lógica del ciclo que la disputa por la final. La FIFA exige para ese partido un aforo superior a ochenta mil espectadores. El Bernabéu, remodelado con una inversión superior a los mil millones de euros, llega con lo justo: unas ochenta y cuatro mil localidades. El Camp Nou renovado rondará las ciento cinco mil. El Hassan II, ciento quince mil. Y la aritmética hizo el resto: según estimaciones internas de la FIFA reveladas por la prensa española este mes, una final en Casablanca generaría entre cien y ciento cincuenta millones de euros más en venta de entradas que una en el Bernabéu, a los que se sumarían unos cincuenta millones adicionales por ingresos asociados. A la ventaja contable se agregó la diplomática: Marruecos desplegó en suelo estadounidense una campaña de influencia sobre la FIFA y, según la misma prensa, habría asegurado voluntades con el concurso del entorno de Donald Trump, de Catar y de Arabia Saudí. En la RFEF —debilitada ante la FIFA desde el escándalo Rubiales— ya se admite en privado que las opciones de Madrid son casi nulas, y el Gobierno de Pedro Sánchez trabaja un plan B: presentar el Camp Nou como alternativa. Louzán insiste en público: «No se entendería que España no fuera la sede de la final», recordando que el Mundial nació como candidatura ibérica y que Marruecos se sumó después. Puede que tenga razón histórica; la historia, sin embargo, no cotiza en bolsa.
Retengamos el número, porque es la clave de bóveda de toda esta crónica: un solo partido puede desplazar entre ciento cincuenta y doscientos millones de euros según dónde se juegue. La butaca, multiplicada por el poder adquisitivo de quien la ocupa, se ha convertido en el criterio soberano de localización. Cuando lleguemos a preguntarnos por qué la región que inventó el Mundial recibe tres partidos, conviene tener esta cifra a la vista.
- Auspiciadores insólitos, dinero extraño
El patrocinador emblemático del ciclo ya no es una marca de consumo: es un Estado con logo. El 25 de abril de 2024, la FIFA anunció a Aramco —la petrolera saudí, propiedad estatal en un 98,5 por ciento— como socio mundial principal y patrocinador exclusivo de la categoría energía hasta fines de 2027, cubriendo el Mundial de 2026 y el Mundial femenino de 2027; la prensa estima el acuerdo por encima de los cien millones de dólares anuales. El contrato se firmó meses antes de que la propia FIFA adjudicara el Mundial 2034 al dueño del patrocinador. En octubre de 2024, más de un centenar de futbolistas profesionales de veinticuatro países firmaron una carta abierta a Infantino exigiendo romper el acuerdo: «La FIFA elige el dinero por encima de la seguridad de las mujeres», escribieron, denunciando la situación de los derechos de las mujeres en Arabia Saudí y el patrocinio petrolero de un organismo adherido desde 2021 al marco climático deportivo de Naciones Unidas. En 2025, diez organizaciones de derechos humanos y ambientales sumaron cartas invocando a expertos de la ONU y el riesgo de avalar un lavado verde. La FIFA respondió que es una organización inclusiva y que reinvierte sus ingresos en el fútbol. Durante el Mundial de 2026, el más caluroso que se recuerde, las protestas contra el patrocinio acompañaron al torneo.
El circuito del dinero se cierra sobre sí mismo con elegancia. A fines de 2024, la plataforma DAZN pagó alrededor de mil millones de dólares por los derechos globales del nuevo Mundial de Clubes; semanas después, según reportes de prensa internacional de comienzos de 2025, SURJ Sports —brazo deportivo del fondo soberano saudí— invirtió una cifra equivalente en la propia DAZN. Dicho en simple: el torneo lo financió, por interpósita pantalla, el mismo actor que organizará 2034. A ello se agrega la geografía política del organismo: Infantino asistió a la investidura de Donald Trump, exhibió trofeos en el Despacho Oval, compartió tarima con el presidente estadounidense en las finales de 2025 y 2026, y en agosto de 2025 la FIFA abrió una oficina en la Trump Tower de Nueva York. La serie de patrocinadores insólitos completa el cuadro histórico: tras la fuga de marcas occidentales que siguió al escándalo de 2015, la FIFA se sostuvo en un ciclo de corporaciones chinas; en Catar 2022 llegó el dinero cripto; hoy manda el capital estatal del Golfo —Aramco, Qatar Airways, la promoción turística saudí— junto a socios tecnológicos globales. El patrocinador dejó de comprar visibilidad: compra política exterior.
España aporta su propio expediente de dinero extraño, que importa porque es la sede principal. La Supercopa española se juega en Arabia Saudí desde 2020 en virtud de un contrato de unos cuarenta millones de euros anuales, cuya negociación —con comisiones millonarias para la empresa de Gerard Piqué, reveladas por filtraciones de audios en 2022— quedó bajo investigación judicial. Luis Rubiales, el presidente que lo firmó, cayó en 2023 por el beso no consentido a una campeona del mundo, fue inhabilitado por la FIFA y en 2025 resultó condenado a una multa por agresión sexual. Su sucesor electo, Rafael Louzán, llegó al cargo arrastrando una condena por prevaricación que el Tribunal Supremo revocó meses después. Con ese historial institucional, España negocia frente a una monarquía que construye el estadio más grande del mundo. No hace falta subrayar quién llega más ordenado a la mesa.
Y una viñeta final, ocurrida precisamente en Sudamérica. El 15 de mayo de 2025, la FIFA celebró su 75º Congreso en Asunción: el gran regreso del organismo al continente fundador. Infantino aterrizó con horas de retraso porque venía de una gira por el Golfo en la comitiva de Trump; la sesión debió posponerse y varios consejeros europeos abandonaron la sala en protesta. La imagen quedó servida: el continente que inventó el Mundial, convertido en sala de espera mientras el presidente terminaba sus reuniones donde está el dinero.
Tabla 2. Dinero selecto del ecosistema mundialista 2024–2034. Montos según las fuentes indicadas; se consignan como estimaciones de prensa cuando no existe cifra oficial.
| Concepto | Partes | Monto estimado | Fuente y fecha |
| Recaudación del Mundial 2026 | FIFA | ≈US$15.000 M (un tercio sobre la meta) | Anuncio de Infantino, jul. 2026 |
| Presupuesto del ciclo 2023–2026 | FIFA | US$11.000 M inicial; meta revisada a US$13.000 M | Informes FIFA, 2024–2026 |
| Patrocinio energético exclusivo (2024–2027) | FIFA – Aramco (98,5% estatal saudí) | >US$100 M anuales | Prensa internacional, 2024–2025 |
| Diferencial de una final en Casablanca frente al Bernabéu | FIFA (estimación interna reportada) | +€100–150 M en entradas; +€50 M asociados | The Objective, jul. 2026 |
| Programa nacional de infraestructuras 2030 | Reino de Marruecos | Hasta US$20.000 M (≈12% del PIB); ≈70% banca local | Prensa y Fitch, may. 2026 |
| Gran Estadio Hassan II | Marruecos | ≈€500 M el estadio; >US$1.000 M el proyecto | Prensa, 2024–2026 |
| Accesos viales al Hassan II | Marruecos | ≈US$547 M | Prensa, may. 2026 |
| Reforma del Santiago Bernabéu | Real Madrid | >€1.000 M | Prensa, 2024 |
| Derechos globales del Mundial de Clubes 2025 e inversión en DAZN | FIFA – DAZN; SURJ (fondo soberano saudí) – DAZN | ≈US$1.000 M cada operación | Prensa internacional, 2024–2025 |
| Supercopa de España en Arabia Saudí | RFEF – organización saudí (estructura Kosmos) | ≈€40 M anuales | Prensa española, desde 2022 |
- Sudamérica: la integración compensatoria
Formulemos la hipótesis con precisión antes de expandirla: los tres partidos sudamericanos de 2030 no son la antesala de un retorno, sino su sustituto. Existirían precisamente porque el sistema ya decidió que un Mundial completo no volverá a la región y que las razones son motivos económicos, y porque toda decisión de exclusión necesita un rito de inclusión que la vuelva presentable. Los artistas del fútbol, casi todos sudamericanos, son empleados al fin y al cabo. Billetera mata galán. Llamemos al mecanismo integración compensatoria: la compra de memoria a costo mínimo —el 2,9 por ciento del torneo— que inmuniza a la FIFA contra la acusación de abandono mientras consolida una geografía de rendimiento.
El primer sostén de la hipótesis está en la estructura de costos. Un Mundial de cuarenta y ocho selecciones exige del orden de catorce a dieciséis estadios de más de cuarenta mil localidades, una red hotelera y aeroportuaria de escala continental, y —esto es lo decisivo— garantías soberanas: exenciones tributarias, libre movimiento de divisas, compromisos estatales exigibles. La candidatura Juntos 2030 confesó desde el primer día que no podía: austeridad y crédito multilateral contra monarquías que hipotecan el doce por ciento de su producto. En el mercado de las sedes ya no compiten países: compiten balances fiscales, y el de Sudamérica —tras la resaca de Brasil 2014, sus elefantes blancos y sus protestas contra el padrão FIFA— no está en condiciones de ofertar ni tiene, quizás, legitimidad interna para hacerlo.
El segundo sostén está en la estructura de ingresos. El ciclo 2023–2026 partió presupuestado en once mil millones de dólares, se revisó a trece mil y terminó, según el anuncio de esta semana, en torno a quince mil. El motor del excedente no fue la televisión, que es global y relativamente indiferente a la sede: fueron la hospitalidad de lujo y el precio de la butaca, es decir, exactamente las variables que dependen del poder adquisitivo local y del turismo de alto gasto. La subasta por la final de 2030 lo exhibe sin pudor: entre ciento cincuenta y doscientos millones de euros de diferencia por un solo partido según el aforo y el mercado. Si ese es el criterio soberano, Sudamérica —con sus tipos de cambio, sus ingresos medios y su capacidad de precio— no puede producir el rendimiento por asiento que el modelo exige. No es que la región no ame el fútbol; es que su amor no factura en la moneda que el sistema contabiliza.
El tercer sostén es geopolítico. Desde 2015, la FIFA sustituyó al patrocinador corporativo occidental por el capital estatal o paraestatal: primero el ciclo chino, luego el Golfo. Los torneos ya no se conceden: se venden a Estados que los compran como activos de reputación —Catar 2022, Arabia 2034, el programa marroquí— y que además financian, por vías laterales como la operación DAZN–SURJ, los propios productos de la FIFA. En esa economía política, un anfitrión debe ser a la vez sede, garante y mecenas. Sudamérica puede ser lo primero; no puede, ni quiere ya, ser lo segundo y lo tercero.
El cuarto sostén es institucional, y es el más elocuente porque proviene de la propia conducta sudamericana. Repásese la serie: la región aceptó tres partidos descontados de su propio cupo de clasificación; aceptó una regla que la inhabilita como sede hasta 2042; y de inmediato reorientó toda su energía negociadora no a recuperar la sede, sino a agrandar la fiesta ajena: en marzo de 2025, el presidente de la federación uruguaya, Ignacio Alonso, sorprendió al Consejo de la FIFA proponiendo un Mundial de sesenta y cuatro selecciones para 2030; un mes después Domínguez lo hizo bandera de la CONMEBOL, pidiéndolo por única vez para que nadie quedara fuera de la celebración. Es la retórica del invitado, no la del anfitrión. Y el detalle de Harrison —jugar las eliminatorias ya clasificados, para ordenar posiciones con vistas a un torneo contra europeos— completa el retrato: la región como proveedora de contenido. La propia candidatura de 2023 había definido el rol al presumir de ser el continente que más jugadores exporta. Exportadora de jugadores, de memoria, de audiencia y de emoción: de todo, menos de caja.
Bajo esta luz, el homenaje del centenario funciona como una moneda conmemorativa: bella, simbólicamente densa y fuera de circulación. La FIFA vende el pasado en Montevideo la misma semana en que vende el futuro en Casablanca y en Riad. Y el ciclo siguiente ya se anuncia: se habla de un cuatrienio 2027–2030 capaz de superar los veinte mil millones de dólares, con un presidente recién ratificado por la evidencia contable. Nada, absolutamente nada en la estructura de incentivos, apunta hacia un anfitrión de bajo rendimiento por butaca. La hipótesis, así expandida, es coherente, elegante y verosímil.
Fuentes consultadas
FIFA.com, comunicados del Consejo (4 de octubre de 2023) y del Congreso Extraordinario (11 de diciembre de 2024).
ESPN Deportes, formalización de la candidatura Juntos 2030 en Asunción (febrero de 2023).
Infobae y Diario de Cuyo, designación de los partidos del centenario y calendario propuesto (octubre de 2023).
AFP vía Cambio, clasificación automática de los seis anfitriones (octubre de 2023).
El Destape, cronograma preliminar del torneo (julio de 2026); El Salvador.com, cupos descontados de cada confederación (julio de 2026).
Pulzo, Las2orillas y Jornada Deportiva, eliminatorias sudamericanas de 2030 y declaraciones de Robert Harrison (julio de 2026).
ElDesmarque, mapa de sedes españolas, renuncias de Málaga y A Coruña y caso Vigo (2024–2026); Soccerway, renuncia de Málaga, dimisión de María Tato y polémica Louzán–Caballero.
OKDiario (marzo de 2026), Goal, El Independiente y The Objective (10 de julio de 2026), disputa por la final y estimaciones de ingresos por sede.
El Confidencial Digital (18 de julio de 2026), estado de la decisión sobre la final.
Ámbito, El Faro de Ceuta, Marruecom, La Opinión y Teleamazonas, Gran Estadio Hassan II y programa marroquí de infraestructuras (2024–2026).
Radio-Canadá, Forbes México y Soccerway, carta de más de cien futbolistas contra el patrocinio de Aramco (octubre de 2024); Inside World Football (octubre de 2025), cartas de organizaciones de derechos humanos.
SinEmbargo (julio de 2026), protestas contra Aramco durante el Mundial 2026.
Mediotiempo, Repúbli




