Cerca de las 19:00 horas de este martes, el Presidente José Antonio Kast comunicó a los partidos oficialistas su decisión de realizar el primer ajuste ministerial de su administración. El movimiento, que se concreta a poco más de dos meses de haber asumido el mando, implica la salida de las ministras Trinidad Steinert (Seguridad) y Mara Sedini (Secretaría General de Gobierno), quienes han enfrentado severos cuestionamientos a su desempeño y capacidad política en las últimas semanas.
En el plano estrictamente institucional, la caída de Steinert se vio precipitada por un adverso escenario en la Contraloría General de la República. El ente fiscalizador mantenía bajo la lupa la legalidad de un oficio enviado por la ahora exsecretaria de Estado que forzó la remoción de la exjefa de Inteligencia de la PDI, Consuelo Peña, lo que fue interpretado en el oficialismo como la “salida institucional perfecta” para un relevo en una cartera estratégica.
El vacío de un plan formal en Seguridad
La gestión de la exfiscal regional de Tarapacá estuvo marcada por la dificultad para consolidar autoridad técnica en el Congreso. La controversia escaló luego de que Steinert reconociera públicamente que “no me esperaba de la exigencia de un plan de seguridad estructurado, concreto”, en circunstancias que dicha obligación está contenida en el artículo 1 de la ley que creó el propio Ministerio de Seguridad Pública.
Este vacío programático, sumado a una deficiente exposición ante la Cámara de Diputados —donde debió leer apuntes al no contar con material de apoyo—, terminó por tensionar su relación con el oficialismo y la oposición, esta última ya tenía comprometidas las firmas para una interpelación en su contra.
Sedini y el rediseño del comité político
Por su parte, la salida de Mara Sedini se produce en un contexto de baja evaluación ciudadana, donde la encuesta Cadem la situó como la ministra peor evaluada del gabinete, alcanzando apenas un 24% de aprobación.
A pesar de que la ahora exvocera acusó haber sido víctima de un “bullying político” por parte de sectores de izquierda para dañar su imagen pública, su permanencia se volvió insostenible ante la necesidad de La Moneda de ordenar sus prioridades comunicacionales previo al 1 de junio.
Enroque y biministros
Para resolver la crisis, el Presidente Kast no integró nuevas figuras al gabinete, sino que optó por una redistribución de funciones entre sus ministros de confianza. Claudio Alvarado, actual titular de Interior, asumirá también la conducción de la Secretaría General de Gobierno, concentrando en una sola figura la coordinación política y la vocería del Ejecutivo.
En tanto, el hasta hoy ministro de Obras Públicas, Martín Arrau, se trasladará a la cartera de Seguridad para intentar dar conducción a uno de los pilares discursivos del gobierno. Finalmente, la vacante en Obras Públicas será cubierta por el titular de Transportes, Louis De Grange, quien liderará ambas reparticiones para dar continuidad al plan de infraestructura nacional.




