Rodrigo Reyes Duarte, abogado. Director Jurídico de Prelafit Compliance.

Con ocasión de las discusiones del proyecto para el retiro del 10% del dinero ahorrado en las cuentas de capitalización individual de los cotizantes, ha surgido la voz de quienes sostienen que se trataría de una esperable decisión de quienes son propietarios de esos fondos, que al resolver qué se hará con ellos, no estarían haciendo otra cosa que haciendo valer su libertad para la disposición de los mismos.

El principio libertario postula en general que los seres humanos deben tener libertad de actuar a su manera, incluso si acaban en una zanja. ¿Qué derecho tendría el Estado de interferir en las decisiones de adultos? Es lo que proponía John Stuart Mill en “Sobre la libertad”. La única posibilidad de intervención debe ser para evitar que se perjudique a otro. Pero ¿qué pasa con nuestras regulaciones en diversas materias? ¿Podemos exigirle a un sujeto exhibir una receta de medicamentos que el mismo consumirá? ¿Debe el Estado intervenir para reducir el hábito de fumar? ¿y para incentivar el ejercicio y alimentación saludable? ¿Puede exigirse a los automovilistas utilizar el cinturón de seguridad? ¿y el casco a los ciclistas?

Las personas, en determinados contextos, son propensas a cometer errores y la intervención del Estado pudiere resultar no solo adecuada, sino imprescindible. Algo parecido sucede con la Seguridad Social, que no es obligatoria por casualidad, sino porque es la única forma de que la gente cotice en un sistema de previsión.

El padre de la economía conductual, el premio nobel de economía 2007 Richard Thaler, se hizo mundialmente famoso por la denominada Nudge Theory (que ha sido traducida como la teoría del pequeño empujón). Se trata de pequeños signos, guiños, avisos, codazos, leves puntapiés por debajo de la mesa, para que corrijamos una conducta. Son interesantes las aplicaciones potenciales que puede tener la teoría de los empujoncitos, tanto para la economía como para la política. Siguiendo este modelo, Reino Unido creó el 2010 la Nudge Unit, con la intención de aplicar la psicología en la mejora de las políticas británicas. Y ello se fue expandiendo a Canadá, Australia, Alemania, Países Bajos, Estados Unidos e incluso Chile.

La clave es que la forma en la que está diseñado el entorno de toma de decisiones influye en las opciones y, por ello, podemos modificar la elección entre alternativas con pequeños empujoncitos para hacer más probable que se elija la opción que consideramos más favorable.Si usted es un libertario y esto le parece aterrador, déjeme decirle los autores se han dado cuenta de ello y por ello hablan de “paternalismo libertario”. Se trata de facilitar la opción que se considera más adecuada para el individuo, pero respetando siempre la libertad de elección del sujeto que decide.

Lo anterior es relevante hoy, cuando discutimos el sistema de pensiones en Chile, toda vez que, según observó Thaler, hay ciertos sesgos que dificultan las decisiones de ahorro de cualquier individuo. Se trata de principios que subyacen a la conducta humana. En primer lugar, muchas personas estiman que debieran ahorrar más, pero nunca lo hacen. En segundo lugar estamos presos de la procrastinación, es decir nuestra tendencia a postergar todo. “Por el camino de mañana se llega a la ciudad de nunca” me decía un profesor en el colegio. “El lunes empiezo la dieta” es expresión, también, de la tendencia natural a postergar las decisiones. Y ello es particularmente cierto en el caso de los sistemas previsionales privados, en que posponemos la decisión de contratar un producto de ahorro previsional, aunque tengamos dinero para hacerlo.

A esto se suma que preferimos consumir hoy que ahorrar para mañana, al tiempo que creemos que en el futuro seremos capaces de hacerlo. Además, nuestra aversión o rechazo a las pérdidas también nos determina. Sentimos un evidente dolor en las pérdidas patrimoniales y que es muy superior a la satisfacción provocada por una ganancia equivalente. Por último existe un sesgo de status quo o inercia, es decir, preferimos mantener nuestra situación actual. Todos estos factores nos juegan en contra en la tarea de asegurar pensiones dignas financiadas con nuestro ahorro.

¿Cómo nos puede ayudar en esto la teoría de Thaler? Para neutralizar algunos de estos sesgos se ha venido utilizando la “opción por defecto” y que supone simplificar la decisión del sujeto. La idea es que los trabajadores suscriban algún instrumento de ahorro (un APV, por ejemplo), salvo que digan lo contrario de forma expresa. Es importante agregar que Thaler ideó un programa que llamó “ahorre más mañana” y que postula que es bueno ahorrar, incluso pequeñas cantidades (un 3% de los ingresos, por ejemplo) que se debe ir incrementando gradualmente conforme se logren aumentos de las remuneraciones. La aplicación de esta idea concluía con sujetos ahorrando un 13,6% de sus ingresos.

Por cierto que nos hemos centrado en el sector privado, pero también puede “intervenirse” el sector público. Una ley podría incentivar a que las empresas efectúen aportes en términos similares a los que hace el mismo trabajador. Algo de esto ya ha sido sugerido antes en Chile y es precisamente el principio inspirador del programa neozelandés KiwiSaver. Se trata de un plan de ahorro a largo plazo con la garantía de un fondo de jubilación segura y que opera con un sistema de contribuciones de tres niveles: usted puede escoger la tasa de ahorro ( 2 %, 4 % o el 8% de su renta), y su empleador contribuirá con un máximo del 2% de su remuneración.

Para fomentar la participación, el gobierno de Nueva Zelanda entrega un premio de unos 500 mil pesos chilenos en el momento que se inscriben para KiwiSaver, junto a otros incentivos. Además, el gobierno neozelandés inscribe automáticamente a todos los trabajadores en el plan y si usted quiere darse de baja debe llenar un formulario.

Pero el Estado neozelandés también apoya a los mayores de 65 años con los gastos de vivienda y otros gastos vida, tarjeta de descuentos (que se otorga una vez que la persona comienza a recibir su pensión) y colaboración para el financiamiento de la estadía en una casa de retiro u otro tipo de solución. Salud y remedios gratis, por ejemplo, o a un muy bajo costo puede significar un aumento en las condiciones de vida materiales de los jubilados.

En suma, nuestras decisiones pueden ser sesgadas y podemos terminar cometiendo errores con resultados desastrosos. Por ello, la política pública que nuestras autoridades deben aprobar tiene que considerar, entre otras cosas, estos elementos de economía del comportamiento para el rediseño o mejoramiento del sistema previsional. Un diálogo racional del parlamento y la sociedad en este tema es de la máxima relevancia porque en esta materia los individuos solemos equivocarnos.